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La sequía ha puesto de manifiesto facetas positivas relativas a los grandes avances logrados por la tecnología agraria en las últimas décadas. La llamada siembra directa es un sistema que sustituyó el arado por máquinas sembradoras que depositan las semillas sobre los restos del cultivo anterior, de manera que el suelo queda protegido por un colchón de residuos vegetales que permite una mayor penetración del agua de lluvia en el cultivo, una menor evaporación del precioso líquido, mejoras en la estructura del suelo y mayor vida, procedente de organismos varios, entre ellos las conocidas lombrices.

Complementando esta transformación con la rotación con otras especies y la reposición de fertilizantes, nuestros productores han logrado aumentar los rendimientos físicos de sus cultivos y defenderse mejor de la erosión. Esta formidable transformación tiene varios progenitores, comenzando por los grupos CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola), en tanto que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) contribuye con sus centros de investigación y estaciones experimentales. Aportando energías creadoras específicas se suma la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid). En apenas dos décadas, de las 30 millones de hectáreas sembradas con cereales y oleaginosas, por lo menos 25 millones se cultivan con siembra directa, mostrando la rápida respuesta de los productores argentinos a quienes equivocadamente les atribuyen una actitud morosa ante los avances tecnológicos.

La genética es la otra gran columna que sustenta la expansión agraria a través de renovadas y potentes herramientas. Cabe destacar el trabajo de un equipo de investigadores del Instituto Agrobiotecnológico de la Universidad del Litoral, miembros del Conicet, conducido por la doctora Raquel Chan, y la organización Bioceres, integrada por agricultores y empresarios que ha logrado generar plantas de soja, trigo y maíz con un rendimiento de entre un 20 a un 30% superior, con mayor resistencia a la sequía y a la salinidad del suelo. La soja obtenida, bautizada “Verdeca”, ha sido patentada no sólo en nuestro país sino también en los Estados Unidos y otros mercados.

En el sector privado, con el impulso de las áreas de investigación y desarrollo, los avances no han sido menores. La empresa Nidera desarrolló el primer gen argentino, en girasol, en tanto que Monsanto logró en enero pasado la aprobación regulatoria del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de una semilla de maíz tolerante a la sequía.

Todo esto confirma los beneficios de alentar la investigación y la creatividad en nuestro medio al tiempo que pone en evidencia la necesidad de que nuestro país sancione las normas adecuadas en el campo de la propiedad intelectual relativas al cobro de regalías por parte de quienes descubren tales adelantos..

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